La lógica del escorpión, el álbum que Charly García lanzó en 2024, es una obra que, como tantas de sus creaciones, parece desafiar el paso del tiempo. En su título, García nos remite a la famosa fábula del escorpión y la rana, donde el primero, en un acto de autodestrucción y traición inevitable, envenena a la rana mientras cruzan el río, sellando su propio destino.
Esa fábula sirve como punto de partida para lo que será un viaje musical y filosófico hacia la naturaleza intrínseca de las personas y las contradicciones de la vida.
Escuchar La Lógica del Escorpión en este convulso 2024, siete años después de Random, es sumergirse en la obra de un artista cuyo peso histórico es innegable. Charly García, una figura que moldeó el rock nacional desde los ’70 y brilló intensamente en los ’80. Sin
embargo, su música sigue siendo relevante, donde el contexto y las circunstancias personales lo acompañan a cada nota.

El contexto: indispensable para comprender la obra

Hablar de La Lógica del Escorpión sin considerar el contexto sería despojarlo de su verdadero significado. Charly, a los 72 años, ha enfrentado serios problemas de salud que han afectado su movilidad, dicción y, sobre todo, su voz. En una industria musical actual donde la tecnología es la norma, su decisión de grabar un disco sin recurrir a autotune o excesivos arreglos digitales resulta casi subversiva. Su voz, quebrada y llena de imperfecciones, es un testimonio de autenticidad en una época donde todo se retoca.

Aunque su capacidad vocal esté notablemente deteriorada, lo que La Lógica del Escorpión ofrece no es solo música; es un acto de resistencia. Charly se mantiene fiel a su esencia, y en un mundo musical cada vez más controlado y automático, este regreso suena casi como un desafío: hacer rock puro, con instrumentos y sin esconder los defectos.

Un García al desnudo

En este disco, Charly se presenta en su faceta más introspectiva y crítica. No es el joven rebelde de los ochenta ni el ícono caótico de los noventa, sino un hombre que mira su historia, la de su país y la humanidad, con una madurez cruda. Desde la primera pista, el oyente es arrastrado a un mundo de sonoridades experimentales que coquetean con el rock progresivo y la electrónica, un campo que García ha sabido manejar a lo largo de su carrera. Sin embargo, en esta obra, los sonidos adquieren una textura más oscura y agresiva, como si el propio escorpión estuviera construyendo su nido sonoro.

Lo bueno: las luces del genio aún brillan

El disco, compuesto por 13 canciones y de apenas 34 minutos de duración, no es una obra maestra, pero tampoco es un mero capricho de un artista que vive de su pasado. La Lógica del Escorpión sorprende por su contundencia y frescura. Las canciones, aunque breves, son directas, muchas de ellas impregnadas de la chispa creativa que aún sobrevive en él. Si bien ya no se percibe el lirismo elevado de sus épocas más productivas, temas como «Autofemicidio» reflejan que aún tiene cosas que decir sobre el mundo actual, abordando con ironía las transformaciones sociales y las identidades en constante cambio. Los arreglos son complejos, a veces cargados de detalles que evocan su obsesión por la perfección. 

Lo desafiante: un pacto con el oyente

Escuchar a Charly García en este disco requiere algo más que la mera disposición a oír música. Su voz, cortada como por un cuchillo, con frases que parecen dichas entre hilos, nos obliga a hacer un pacto. Como cuando uno acepta las premisas de una película de ciencia ficción, debemos asumir que esas fallas vocales son parte integral de la propuesta artística. Este pacto no es fácil, pero es necesario para disfrutar del disco sin quedar atrapados en lo que ya no es su voz.

Las letras

Las letras de La lógica del escorpión son un viaje entre lo poético y lo existencial, cargadas de esa ironía tan propia de Charly. Canciones como «Ser lo que soy» o «Dejarnos ser» presentan una especie de reflexión filosófica sobre el destino, el dolor y la autodestrucción. El álbum parece preguntar: ¿Podemos evitar ser quienes somos en esencia? Charly juega con las contradicciones inherentes a la condición humana: somos capaces de crear belleza y caos, de amar y destruir, a veces en el mismo acto.

En «Escorpión», el tema más visceral del álbum, se adentra en lo más profundo de esa metáfora, reflejando el ciclo repetitivo de la traición, tanto a los demás como a uno mismo. Pero, lejos de sonar como un lamento, el tema se escucha como una declaración de identidad. Como el escorpión, somos lo que somos, aún cuando eso signifique nuestra ruina.

La producción: lo digital y lo humano

La producción es un punto alto en La lógica del escorpión. Trabajando con una combinación de sintetizadores, guitarras distorsionadas y secuencias electrónicas, el álbum mantiene una atmósfera sombría y vanguardista. Pero García no se limita a lo digital. Al igual que en sus mejores épocas, deja espacios para el piano, su compañero, que aparece de manera melancólica, casi como un suspiro entre las densas capas de sonido.

La mezcla entre lo analógico y lo electrónico refleja la dicotomía del álbum: lo humano y lo inhumano, lo controlado y lo salvaje. Así, Charly logra que la música sea una extensión del concepto que recorre todo el disco.

La narración y el cierre

El álbum no solo mira hacia el presente. Hay guiños constantes a su pasado, como la reversión de «Juan Represión», de Sui Generis, o su versión de «So You Want to Be a Rock’n’Roll Star» de The Byrds, junto a Fito Páez. Estos momentos traen un aire melancólico, pero también celebratorio, una especie de cierre simbólico.

Conclusión: un regalo para los incondicionales

La lógica del escorpión es más que un disco; es una invitación a reflexionar sobre las tensiones que habitan en el ser humano. Charly García sigue demostrándonos que, a pesar de los años, sigue siendo uno de los artistas más agudos y desafiantes de la música argentina. En esta obra, Charly, como el escorpión, no pide disculpas. Sabe que su esencia es imposible de cambiar, y en esa aceptación, encuentra su poder. No es una obra que marcará un antes y un después en su carrera, pero sí es un regalo para sus seguidores más fieles. Aquellos que han recorrido junto a él cada una de sus transformaciones encontrarán aquí el eco de su leyenda. Este no es el Charly de Clics Modernos ni de Parte de la Religión, pero es el mismo espíritu rebelde y creativo que desafió las convenciones hace décadas.

Es una obra que impacta no solo por su calidad musical, sino por su honestidad brutal. Nos recuerda que, al igual que el escorpión, no podemos huir de quienes somos. Y quizá ahí resida el verdadero arte: en aceptar lo inevitable y abrazar nuestra propia naturaleza, con todas sus luces y sombras.

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